Las subastas públicas de inmuebles pueden despertar el interés de muchos compradores. Sin embargo, es fundamental entender que no son una forma de compra sin riesgos. A diferencia del mercado convencional, donde el comprador puede visitar el inmueble, negociar las condiciones, solicitar información detallada al vendedor y desistir si algo no le convence, en una subasta pública las reglas son distintas y los riesgos son reales.
En este artículo repasamos los principales riesgos que debes conocer y valorar antes de decidir participar en una subasta pública de inmuebles.
Uno de los riesgos más importantes y menos conocidos por los compradores noveles en subastas es la posibilidad de que el inmueble adjudicado tenga cargas registrales que no se cancelan automáticamente con la subasta.
Dependiendo del tipo de procedimiento (administrativo o judicial) y del tipo de carga (hipotecas anteriores, embargos anteriores, servidumbres, etc.), algunas cargas pueden subsistir tras la adjudicación y recaer sobre el nuevo propietario. Esto puede suponer la obligación de asumir deudas ajenas o de enfrentarse a reclamaciones de terceros.
Es imprescindible analizar el anuncio oficial y la nota simple del inmueble para identificar todas las cargas existentes y determinar cuáles se cancelarán con la subasta y cuáles no. Esta es una cuestión de alta complejidad técnico-jurídica.
El precio de remate de una subasta no es el coste total de la adquisición. A él deben sumarse:
No considerar adecuadamente todos estos costes puede convertir una aparente adquisición ventajosa en una operación ruinosa.
Muchos inmuebles que salen a subasta están ocupados en el momento de la adjudicación. La ocupación puede ser de distintos tipos:
El proceso de desahucio o lanzamiento judicial puede durar meses o incluso años, con los costes económicos y emocionales que eso conlleva. Además, durante ese tiempo el adquirente no podrá hacer uso del inmueble.
En algunos casos, la inscripción registral del bien a nombre del nuevo propietario puede encontrar obstáculos jurídicos relacionados con defectos en el procedimiento de subasta, problemas de titulación anteriores u otras circunstancias. Aunque estos casos son menos frecuentes, pueden generar problemas significativos.
En la mayoría de las subastas públicas no es posible visitar el interior del inmueble antes de pujar. El comprador adquiere el bien "a ciegas" en cuanto al estado físico real de la propiedad.
El inmueble puede presentar:
Los costes de rehabilitación pueden ser muy elevados y pueden no estar previstos en el análisis económico inicial.
Obtener financiación hipotecaria sobre un inmueble adquirido en subasta pública puede ser más difícil y lento que en el mercado convencional, por varios motivos:
Si el adjudicatario no puede completar el pago en el plazo establecido por falta de financiación, perderá el depósito y la adjudicación.
Los plazos en una subasta pública son improrrogables. Si el adjudicatario no completa el pago en el tiempo establecido, las consecuencias son severas: pérdida del depósito, anulación de la adjudicación y posibles reclamaciones adicionales. No hay margen de negociación.
Dada la complejidad jurídica, fiscal y económica de las subastas públicas, Casas Córdoba recomienda encarecidamente contar con asesoramiento profesional antes de participar. Un abogado especializado en derecho inmobiliario o en ejecuciones puede ayudarte a: